Dama de RojoEDITH AGUIRRE
← Todos los escritos
Relato · Edith Aguirre

NUESTRO ENCUENTRO

Un sendero arbolado bajo la luz suave de la mañana
Arlind D / Pexels
Lectura a tu medida

A pesar de que era invierno, salí a la calle  y elevé la mirada al cielo. Estaba gris, triste como me sentía yo. El viento helador me hizo temblar.

A pocos metros apareció un hombre que  me hizo señas. Su mirada llena de bondad y su sonrisa tan dulce me llevaron a aceptar seguirlo.

Sin acercarme demasiado, vi que se paraba delante de un sorprendente pórtico, cuya salida daba a un hermoso jardín cubierto de flores y plantas exóticas, los pájaros eran tan felices que cantaban dando gracias al hermoso resplandor del sol. Él volvió a invitarme a continuar avanzando junto a él.

¿Por qué siento este frío tan intenso?, pensé. Quise dar unos pasos, mas, al adelantarme, me sentí bien, ya que la belleza del sitio era increíble e irresistible. Viendo el lugar al que me había llevado fui consciente de que estaba ante un hombre muy “especial”.

 A medida que caminaba se calentaba mi cuerpo. Sentí brotar una sensación de felicidad que me desconcertó.

Pasados unos segundos noté su mano (gélida) en la mía, conduciéndome con ternura, Entonces rodeó mi cuello con sus brazos; sus labios, con ansiedad, buscaron los míos y los encontraron; fue un beso muy singular, pero no por ser el primero, sino  como si siempre lo hubiésemos hecho. Al poder ver bien su rostro, no podía creerlo: ¡sí, era él, José, mi amado esposo, que hace unos años partió de mi lado! Escuché su cálida voz diciéndome: 

—Amada mía, ya no puedo resistir más tiempo sin tu presencia; estoy en el Paraíso, pero sin ti esto no es nada, por eso te he guiado para compartir contigo mi feliz destino.

Tomó mi mano y, muy juntos, subimos hacia aquel brillante sendero que nos estaba esperando a los dos.

← Seguir leyendo