Al mirarnos por primera vez nuestras almas se encontraron, y desde ese instante he sido y seré tuya; no sé vivir porque tú no estás a mi lado.
Al buscarte y no encontrarte comprendo, y debo aceptar, que no es un sueño, que sí has partido y que ya no escucharé tu voz diciéndome tus palabras de amor, ni sentiré tus tiernas caricias. Entonces me pregunto:
“¿Podré seguir mi camino sin tener tu mano tomándome la mía? ¿Por qué no me enseñaste a no amarte, a no caminar sin ti? ¿A no poder respirar sin tu dulzura, sin tus miradas de pasión, sin tus caricias…? ¿Ni a quedarme dormida abrazada con tu camisa preferida , sin tus caricias y besos, tal y como hacías todas las noches? ¿Ni a despertar sin sentir tu suave aliento sobre mi rostro cuando me besabas, y sintiendo mis deseos de esposa amante? Me encuentro perdida...
Durante todos mis años, nadie me han querido tanto como tú. Gracias a esa ternura tuya aprendí lo que es amar. Este sentimiento, si es mutuo, es la sal de la vida. Para ser plenamente felices debemos respetar a quien amamos.
Te doy las gracias por darme todo lo que necesité para seguir viviendo… sin ti. Pero por sobre todo, hacer de mí la mujer que actualmente soy.

