Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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Relato · Edith Aguirre

FUE TAN FÁCIL AMARTE

Un banco vacío en un parque
Stuffedbox NG / Pexels
Lectura a tu medida

Rocío y el señor "X" se conocieron a través del programa que él tenía para buscar nuevas amistades por Internet. Por sus fotos se dio cuenta que era una mujer muy joven y hermosa. Durante dos meses, todos los días se comunicaron por Skype.Fue ella quien propuso el encuentro, deseaba conocerlo. Así llegó el día tan ansiado por él. La esperó  más de dos horas en el lugar acordado; nervioso por la larga espera trató de recordar todo lo programado. Se dio cuenta que no habían compartido los números de sus móviles. Sin conocer a nadie, ni siquiera el lugar; sin saber  qué hacer decidió buscar un sitio donde quedarse. Se sintió de mal humor y cansado. En el  hotel  estaba por acostarse,  pero decidió salir a cenar. Al cruzar por el salón del albergue  vio ordenadores para uso de los huéspedes. Tuvo intención de no conectarse; sin embargo lo hizo, con gran sorpresa percibió que ella también estaba conectada y muy molesta. Al principio se notaba el malestar de ambos; ya más serenos, conversaron y descubrieron que por un mal entendido, habían estado en direcciones distintas.  Pasado el primer momento, ya más tranquila, le preguntó en dónde se encontraba, le dijo que iría a buscarlo.

El encuentro resultó muy agradable. Durante la cena la conversación fue muy amena. Luego de unas horas decidieron pasar la noche juntos. Vivieron momentos de mucho éxtasis, durante  dos días.

Siempre regresaban  al mismo parador, y esa desenfrenada pasión  la vivían a plenamente. Sus encuentros diarios también  continuaron por Skype, aunque a ella no le gustaba chatear.

 Un día le pidió que no fuera a verla, alegàndo que tenía  mucho trabajo, sin embargo deseaba seguir chateando. Èl se extrañó, pero accedió. Todo esto le hizo pensar, si recordó haber notado que ella había pérdido peso. Otro día  observó que ya no tenía su hermosa melena, y se lo comentó. Rocío, nerviosa,  aclaró que prefería estar delgada, y cortar su cabello, porque era más práctico y fácil de peinar. Los días pasaban, cada vez chateaban menos horas: no volvieron a encontrarse en ningún momento. Ella no le había dado la dirección de su domicilio, por eso no supo dónde vivía. La llamaba, pero  no contestaba.

Pasaron algunos meses, nunca más  tuvo noticias  de ella. La extrañaba, era feliz a su lado, reunía todo lo que le fascinaba de una mujer.

Una tarde sonó el timbre de su piso; se dirigió a ver quién era. Abrió la puerta, encontró a una señora mayor. Al ver su rostro, marcado por el dolor, le pareció recordar a alguien o que la  conocía…  No pudo pensar más porque la dama  preguntó si era el señor "X"; le respondió que sí. Entonces la mujer extendió su mano temblorosa y le entregó un sobre.  Sin que él se diese cuenta  cruzó la calle y se perdió de vista.

Extrañado ante tal actitud, pero curioso por saber qué contenía ese sobre, cerró la puerta, tomó asiento, y lo abrió con ansiedad. El principio del texto así decía:

"Querido mío: Si la presente está en tus manos, es que yo… ya he partido…"

 Nunca podrá saber cuántas veces leyó una a una esas palabras, donde le confesaba,  no quiso contarle su drama, que sabía de su enfermedad como también que era incurable. Le pedía perdón. Solo deseó ser amada, ser mujer y gracias a él  lo logró.  Había sido muy feliz y conoció lo que era el amor.

Sus sentimientos afloraron cmo lágrimas, ante tal confesión. Estrujando  aquella terrible verdad solo murmuraba:

 ¿Por qué te no confiaste en mí? Hubiese estado a tu lado hasta el último  momento, con mucho más amor…

"¡Si fue tan fácil adorarte! ¡Nunca, nunca te olvidaré!".

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