Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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Relato · Edith Aguirre

ENIGMA NOCTURNO

Orquídeas junto a una ventana cubierta de gotas de lluvia
Aleksandra Larry / Pexels
Lectura a tu medida

Su cama estaba ubicada frente a una ventana.  Desde allí se veía un patio muy amplio, lleno de plantas y flores. Horas pasaba observándolo,    ensimismada en que sería su bebé: ¿varoncito o mujercita?; en aquel entonces no  había ultrasonidos ¿y qué pasaría con su mamá...?

     Una noche no podía dormir. Sólo contemplaba el jardín, debió quedarse dormida porque en un momento vio a su madre que venía hacía ella con su  dulce sonrisa, caminando entre las flores. Estaba preciosa, rodeada por una luz muy brillante. No se asustó, pero sí se sorprendió. La anciana se le acercó y,  luego de unos minutos de silencio, le preguntó:

     — ¿Tu bebito nació? ¿Cómo le llamarás? — Y entre lágrimas, le contestó:

¡Sí, sí, hoy en la mañana!

     — ¡Qué alegría! ¿Es un varoncito, no?

Sí mamá, es bebito,  le llamaré Rubén.

     Al partir de su lado siempre le lanzaba un beso, y así lo hizo en esta ocasión. Y cómo llegó ante ella, se marchó también.

     No supo cuándo  recobró su estado normal. Mientras tanto, se le ocurrió una  idea   basada en su sueño.

     Todas las mañanas, uno de sus hermanos, pasaba primero  a ver  a la madre, y luego a ella. Sin embargo ese día Ángel pasó antes  por su sala;  como  un presagio  a lo ocurrido en la noche anterior. Ante tal situación, le facilitó para contarle lo del  sueño y pedirle que hiciera lo que le iba a proponer.  Luego del saludo le preguntó:

     — ¿Mamá puede hablar? ¿Te reconoce?

      —No, no habla, pero cuando yo llego le acarició sus manos, y le digo quién  soy; muy fuerte me aprieta. Y sus ojos los abre mucho, como queriendo decirme algo.

          Lilian al escuchar esto, le contó lo que había vivido en la noche  y  su idea, quizás alocada, pero se lo comentó. Cuando vuelvas a verla haz como siempre, dile que ya  nació el bebé, y que era hermoso.

        El hombre quedó perplejo y solo  dijo:

         —¿Pero qué dices mujer, por qué? ¿Cómo quieres que le diga tal cosa, si no es verdad —¡Por favor…!

       Entonces le contó bien lo que le había sucedido; notó que se estremecía.

        Se dio media vuelta y salió de la habitación sin decir nada. Los nervios  de Lili, no la abandonaron. No pudo precisar cuánto tardó en regresar.  Cuando su hermano volvió la abrazó llorando:

         —Querida mía, se lo dije como tú  deseabas,…Jamás podré olvidar su sonrisa. Y así, se durmió e inició su viaje sin retorno…

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