Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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Escrito · Edith Aguirre

¡VIVIENDO POR SIEMPRE EN TÍ!

Una rosa roja junto a una persona en un cementerio
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Lectura a tu medida

Me pides que no llore frente al lugar donde descansas, porque solo tus

cenizas se encuentran allí; tú, no.

Así es porque te siento tan dentro de mí, que hasta puedo seguir

oyendo tu voz diciéndome: Espérame en cada momento. Seré la suave

brisa que acaricie tu rostro y los labios que tantas veces besé; el viento

que juegue con tu cabello, como era mi costumbre, y que a ti tanto te

agradaba.

Brillaré tanto, o más, que el sol quién iluminará tu senda solitaria; será

otra forma de estar junto a ti. No sabes, como me faltas, amada mía.

Seré la lluvia en la que tanto te encantaba caminar, la que te salpicaba

el rostro cuando lo levantabas para dar gracias al Cielo por su frescura.

En las alboradas, cuando escuches el trino de los pájaros seré yo

deseándote un día feliz.

Y en las noches, cuando alces la vista al firmamento y veas la danza

Tintineante de las estrellas, también seré yo deseándote un buen

descanso.

Por ello te pido, mi amada, no llores; yo tan solo me adelanté para dar

el último paso; tuve que partir antes que tú.

Sin embargo, no estoy allí, porque no he muerto…

 ¡Sé que he de seguir viviendo por siempre, en ti!

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