Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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PARA SEGUIR VIVIENDO · 18 DE 45

LLEGADA A MADRID

Lectura a tu medida

Camino a Madrid hubo que hacer la escala varias veces y cambiar de avión. José me seguía acompañando mucho con sus llamadas telefónicas; estaba preocupado por mí debido a las largas horas de espera en cada aeropuerto. Mientras, yo ya deseaba llegar a su lado; la curiosidad era más fuerte que yo.

Después de la última escala estuvimos sentados un largo rato dentro del avión, sin poder despegar. El tiempo pasaba, mas la nave no se movía. Se nos comunicó que surgió un problema en una de las puertas y que estaban en vía de solucionarlo. No sé cuánto estuvimos esperando en total, pero al fin partimos. Para entonces yo estaba muy agotada.

Y al fin, tras dieciséis horas de vuelo, aterrizamos en Madrid. El control rutinario de pasaportes fue muy rápido. Enseguida pude recoger mi equipaje y lo coloqué en un carrito. Me dirigí hacia la salida, donde me esperaba José. Sin embargo, cuanto más me acercaba a la salida, más insegura me sentía. Y al llegar al final del trayecto, levanté la vista; pero al ver la palabra «Salida» las piernas se me doblaron. No me respondían, no podía seguir. Sentí horror y me pregunté a mí misma qué estaba haciendo allí.

Me di la vuelta y caminé hacia la sala de equipajes, y me vi de nuevo frente a la cinta. Las piernas me seguían flojas y las manos húmedas por la transpiración. Dejé pasar unos cuantos minutos y decidí regresar a la puerta de salida. Pero al llegar otra vez sentí los mismos síntomas. Dios mío, ¿qué me pasaba? Sin darme cuenta, volví hacer lo mismo que unos minutos antes. Sentía un frío extraño, deseos de llorar y de correr, pero no sabía adónde. Lo intenté tres veces, pero no pude salir. Al volverme la última vez, vi a dos policías del aeropuerto y alcancé a ver que uno tocaba al otro con su mano y le señalaba a mi persona.

No sé cómo me mantuve en pie al ver aquel gesto. El corazón me batía fuertemente en el pecho y las piernas dejaron de responderme nuevamente. En ese preciso momento me di cuenta de que estaba actuando sospechosamente y que no me quedaba otra cosa que esperar y ver lo que querían los policías.