Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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PARA SEGUIR VIVIENDO · 27 DE 45

BIENVENIDA INOLVIDABLE

Lectura a tu medida

Al fin todo empezó a arreglarse. Ya estaba jubilada y, al final, todos los trámites se me hicieron más fáciles, como si hubiesen estado esperando por el momento de mi salida. Llegó el día en que cogí el avión y me fui al encuentro de José. David y Andrés se quedaron en casa. Habíamos decidido que al principio ellos usarían el importe de mi jubilación. Como el dinero se depositaba en mi cuenta bancaria, ellos podían usar mi tarjeta. No queríamos que les faltara nada.

El 15 de septiembre de 1998 me encontraba nuevamente en el aeropuerto de Alicante. Venía para reunirme con José, y esta vez para quedarme. En un instante sentí algo extraño. ¿Quizás, inseguridad? Tal vez. Comprendía que era un cambio muy grande, pero recordaba todo lo que había vivido con él en mis anteriores visitas y ya no tenía dudas de si actuaba bien. Quizás mi temor se debía a las secuelas que me había dejado mi primer matrimonio.
Al llegar y encontrarme en los brazos de José, al escuchar sus palabras, una tranquilidad inmensa se apoderó de mí; me sentí muy feliz y segura.

Dejamos el aeropuerto para dirigirnos a nuestro «nuevo nido», así él llamó al piso donde viviríamos durante los primeros días. Por el camino me comentó que había visitado muchos pueblos de Alicante. Sin embargo, Guardamar fue el que le gustó más. Me hizo prometer que le diría si no era de mi agrado, pues yo nunca había estado allí antes. Sus planes eran que88
darnos unos días en la ciudad, para pasear y aprovechar la playa, y también salir y ver otros pueblos de la zona, hasta encontrar un lugar donde nos gustaría quedarnos a vivir.

Alquiló un apartamento en la calle Argentina por una semana, estaba ubicado en un cuarto piso. José me dijo que tenía unas vistas preciosas, el frente daba al mar, que estaba allí mismo, a tan solo dos calles; y eso me encantó. Ya había oscurecido cuando llegamos al barrio. Hacía mucho calor y tenía ganas de ducharme.

Al abrir la puerta del apartamento vi que tenía las luces encendidas y, al entrar, en la pared a mi izquierda, vi una foto que estaba colocada entre unas rosas rojas. Me acerqué y vi que era nuestra primera fotografía.

Después vinieron los besos de José y sus palabras de bienvenida. Me invitó a seguir y ver la casa. El camino estaba marcado por pimpollos de rosas rojas pegados a la pared, junto a nuestras fotografías, de la misma manera que en la entrada. Así llegamos a la habitación, que estaba a oscuras. Al encender la luz quedé deslumbrada al ver la cama, adornada con una hermosa colcha blanca y una almohada, decorada con un corazón hecho de los pimpollos; y, en el centro, nuestras iniciales. Toda la cama estaba salpicada con pétalos de rosas y a los pies, en letras doradas, estaba escrito: «TE AMO». Aquello fue algo que solo había visto en películas. Fue una bienvenida inolvidable. Y me impresionó sobremanera, porque yo ya no era ninguna jovencita, sino una mujer de cincuenta y ocho años. Jamás pensé que tendría un recibimiento tan amoroso… Con el tiempo comprendí que José era así, muy atento y original. Y con todo eso aprendí a amarlo.