Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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PARA SEGUIR VIVIENDO · 26 DE 45

PARTIDAS Y REGRESOS

Lectura a tu medida

Durante los viajes que hice durante aquel año, José trató de preparar por todos los medios las condiciones para mi llegada definitiva. También estábamos arreglando los documentos para casarnos. El primer paso que hicimos en España fue ir al juzgado de paz. Presenté mis papeles de divorcio, los cuales no fueron aceptados porque faltaban algunos datos. Podía solucionarlo solamente en mi país.

En uno de mis viajes a España encontré a José muy contento. La causa de aquello fue la visita de su hermana Carmen y de Manolo, el esposo de ella, que vinieron de Argentina. Para él fue una sorpresa muy agradable. Dijo que les había contado lo nuestro. Entonces, su hermana expresó el deseo de conocerme, aunque también le aconsejó que pensara muy bien antes de tomar una decisión tan importante como casarse. José le prometió que hablaría conmigo sobre un posible viaje a Mar del Plata para conocerlos.

Cuando José me lo comentó, tuve ciertas dudas; pero, al ver su entusiasmo y alegría, acepté su idea. Iría a visitarlos. No sería difícil, tratándose de mi propio país; además, ya había aprendido a viajar sola. Así que, al regresar a Argentina, fui a Mar de Plata.

Me encontré con ellos en su casa. Llevo un hermoso recuerdo del esposo de Carmen, Manolo. Era un hombre tranquilo y bondadoso, lo que se afloraba en su forma de hablar. Con ella fue distinto. Al saludarla, sentí un escalofrío, a pesar de que me recibió con cara afable. Al otro día viajamos a Balcarce. Allí vivía el hijo mayor de la pareja, Paco, con su esposa María Inés. Tenían dos niños, Josi y Sofi. Se trataba de una familia agradable y cariñosa; todos eran de muy buen carácter.

Al regresar a casa de Carmen, tuvimos la visita de su otro hijo, Gustavo, y de su esposa Daniela. Venían con sus dos niños, Matías y Florencia. Desde el primer instante sentí mucho cariño por Gustavo y por su gente. Entonces no sabía que la relación con aquella familia sería larga y duradera, pues al pasar un tiempo nos volveríamos a encontrar en España. Tampoco sabía que vivirían a poca distancia de nosotros, en Alicante, durante unos cuantos años, y que al mudarnos a Argentina mantendríamos aquella relación bonita.

Después de conocer a Carmen, volví a España; viajaba a este país muy a menudo. Pero mis escapadas no podían durar más de treinta días, porque iba como turista. Cada vez que venía, José intentaba prolongar mi estancia. Por eso visitamos La Extranjería en varias ocasiones, pero nunca logramos hacer una prórroga. No estábamos casados, por eso tampoco era posible quedarme afincada en España. Por otro lado, los meses pasaban y llegó el momento cuando se me agotaron los días a mi favor que tenía en la empresa, y sin ellos era difícil seguir viajando. Además, siempre me preocupaba el momento en que cruzaba la frontera. En una ocasión me preguntaron el motivo de mis reiteradas entradas y salidas. Sonriendo, les conteste, que estaba de novia con un ciudadano español. Asombrados, solo me miraron, aunque me hubiese gustado escuchar sus comentarios.

En casa todo seguía igual; David trabajaba en la oficina e impartía clases de informática en un instituto privado. Un día, mi hijo se encontró con un amigo en su clase, que tenía conocimientos en cuanto a la adquisición de la residencia española.

David, que era una persona muy sociable, tuvo la oportunidad de conversar con él, comentándole mi problema. Entonces, el hombre le dio varios consejos para arreglar mi situación. Gracias a aquellas recomendaciones, pude acelerar el proceso.

Por otra parte, visité los tribunales para hacer las averiguaciones referentes a mi divorcio. Pero los trámites no dieron el resultado esperado porque el padre de mis hijos se encontraba fuera del país.

Mientras tanto, me llegó una notificación oficial de mi trabajo que certificaba que mis funciones de empleo cesaban a fines del mes en curso. Tanto mis hijos como José me aconsejaron que me trasladara a España y que me quedara allí; las cosas se irían solucionando poco a poco y a su debido tiempo. Nos arreglamos con mi españolito y decidimos que a fines del año 1998 me mudaría a España.